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  • Andrea Rodríguez

"A slap in the face" o el problema de una educación basada en la autoestima


Este libro fue uno de los regalos de Paula y uno de mis preferidos de los últimos tiempos.

Una guía estoica para enfrentar mejor la cotidianidad y con una crítica de la educación que, viviendo en Singapur y muy en contacto con niños burbuja, me pareció más que acertada.




“The Self-esteem movement”


En colegios estadounidenses, los profesores emplearon tiempo y esfuerzo en alabar a sus alumnos para convencerles de cómo de fantásticos eran.

No solo eso, sino que se preocuparon de evitar cualquier tipo de feedback negativo que pudiese dañar su autoestima.


Sorprendentemente, incluso bajo este sistema “positivo”, era posible para los estudiantes cometer errores (nótese la ironía).


En esos casos, los educadores animaban a los estudiantes a culpar de sus fallos “a quien correspondiera”: Al examen, al profesor, o incluso a la sociedad.

Es obvio que era un noble experimento, con un montón de buenos deseos, y hay que concederle un logro; Los adolescentes nacidos de este sistema, pensaban muy bien de sí mismos.

El numero de adolescentes que se reconocían en la frase “soy una persona importante” se incrementó del 12 al 80%.

También tenían una puntuación mucho más alta en narcisismo, al reconocerse en frases como: “Si yo gobernase el mundo, sería un lugar mejor” o “soy una persona especial”.


¿Mejoró esta educación su resistencia frente a los insultos? Claramente no.

Al crecer sin Feedback significativo o real acerca de sus fortalezas y debilidades son incapaces de crear una imagen sobre sí mismos robusta y cualquier insulto o menosprecio les hace dudar de sí mismos y pasarlo realmente mal.


Desde una perspectiva educativa, presentar a los niños actividades en las que probar y recibir feedback ajustado a la realidad para que comprendan cuales son sus verdaderas fortalezas, qué les gusta y qué no se les da bien sería bastante más productivo para construir una autoestima verdadera.

Como parte de su entrenamiento, los niños deben ser también animados a asumir la responsabilidad de sus errores.

Para mí el deporte es una de las mejores formas de conseguirlo: Por mucho que tus padres te insistan en que eres el nuevo Michael Jordan, cada entrenamiento y cada partido te darán oportunidades de observar la realidad.


Y ahora abandonemos el mundo de los niños. Ahí todos tenemos claro que deben aprender y mejorar pero ¿Qué pasa con los adultos?

¿Ya somos perfectos como somos? ¿Cuándo fue la última vez que alguien te animó a responsabilizarte de algo que no va cómo te gustaría?


Como dice Homo Mínimus (uno de los blogs en español que más me gustan y de los que más aprendo), hoy en día, "cualquier insinuación de que la felicidad o la situación en la que uno vive tiene que ver con uno mismo se considera como una crítica despiadada y cruel a un inocente desvalido fruto de sus circunstancias; esa insinuación bienintencionada se percibiría como un arma arrojadiza desalmada propia de privilegiados y «fascistas» (curiosa palabra que ha perdido su sentido  original y  venido a significar «todo aquello que desprecio»)."


Como dice Epícteto "La mejor forma de evitar el dolor causado por los insultos no es cambiar al mundo para que no diga insultos, es cambiarte a ti mismo para ser inmune a ellos" e incluso si no pensamos en insultos, probablemente sea más sencillo cambiar lo que no nos gusta de nosotros que del mundo.